Hay cosas que se te quedan grabadas a fuego, puede ser una palabra, algo que no deberías haber visto, un beso o una mirada.
Últimamente creo que todas esas cosas me explotan en la cara como si de una bomba se tratase.
El dolor es intermitente.
Puede no doler, ser sólo una punzada, un puñetazo o algo sencillamente desgarrador.
Ahora mismo no sabría explicarlo.
Siento un vacío dentro de mi, no es que a mi puzzle le falte una pieza, sino que todas ellas se han perdido.
Escuchar cosas que no quieres oír dicen que es necesario para abrir los ojos.
Puedo asegurar que en mi caso, ni por asomo.
Tantas mentiras, tantos gritos, tantos insultos me están volviendo loca.
Cuando creo ver llegar la calma, otra nube se posa sobre mi cabeza para atormentarme.
Es tan fácil ocultar la verdad mediante bromas, sarcasmos y sonrisas.
Tan, tan fácil, que nada más poner un pie sobre la soledad te derrumbas hasta quedarte seco por dentro.
La vida no es tan sencilla como me la dibujaron.
Pero que os voy a contar.
Apuesto a que ya lo sabíais.
Me encantaría terminar esto con un, todo se arregla, todo pasa...
Con algo positivo tal como todo el mundo me ve.
Pero no es fácil llenar de alegría algo donde no la sientes.
Al final,
siempre hay algo que despeja tu mente de ese sentimiento tan angustioso.
Por ello es intermitente.
Aunque el regusto amargo siempre queda.
Ahora dejo brotar palabras con la simple meta de sacar de alguna forma esto de mi, ya que no suelo hablar de ello.
Espero que este calor que me abrasa, caliente al pequeño hielo que se forma en mi.
Las cosas cambiarán, estoy casi segura de ello.
Y no todos los cambios tienen porque ser malos,
ni buenos.
Mientras tanto,
espero que no me pisoteen.
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